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Antecedentes a nivel país

Sobre la gestión del riesgo psicosocial en Chile

La importancia de la gestión los factores de riesgo psicosocial en el desarrollo de las organizaciones, está suficiente y extensamente discutida. Durante su ciclo de vida, toda organización enfrenta escenarios que debe analizar, gestionar y superar para continuar con su misión y objetivos. Los factores de riesgo psicosocial son transversales a muchas de las dimensiones de gestión en toda institución y en toda época. Por ello, pueden transformarse en oportunidades de mejora frente a su competencia, pero también en amenazas cuya vulnerabilidad debe ser objeto de preocupación continua.

Sin embargo, la tensa situación que por lo menos desde 2019 enfrenta la escena socioeconómica chilena, hace más urgente la forma de analizar y eventualmente repensar toda organización. Dos eventos significativos, aislados pero consecutivos, se han sumado al escenario de eventos que definen la incertidumbre habitual con la que convive una organización, y han definido cambios importantes en el entorno, con efectos incluso de largo plazo.


De ello deriva entonces en una invitación adicional a repensar los roles dentro de las empresas e
instituciones, adecuar políticas, nuevas formas de producir y/o entregar los servicios, y nuevas formas de comunicación dentro de la organización y con sus clientes.


El primer evento que tuvo impacto transversal en diferentes sectores socioeconómicos corresponde a los movimientos sociales del llamado estallido de octubre de 2019. Tuvo efectos en la industria, el comercio, el transporte gravemente afectado, y sus consecuencias se vieron en cambios drásticos en la actividad específica de muchas personas (laboral, social y educativa).


Muchas organizaciones debieron modificar horarios de entrada, horarios de salida, enfrentaron
problemas de suministros, tensión por la situación del entorno social de cada trabajador, ausentismos,
cierre de algunas actividades y trastornos suficientemente significativos en muchos lugares del país, como para que la gente se sintiera más vulnerable.


Por otro lado, durante la evolución de este conflicto, que incluso veía cercana una consulta plebiscitaria para cambiar la Constitución de la República en abril de 2020; en marzo de 2020 se declara la pandemia por el coronavirus SARS-Cov-2, que en el caso chileno vino a sumar a la condición económica social imperante por el estallido, nuevas y más intensas restricciones, esta vez de origen sanitario, para la prevención y enfrentamiento de la enfermedad COVID-19.


Estos eventos han marcado cambios significativos en áreas sociales y económicas que no estaban
preparadas para impactos de la magnitud observada (industria, comercio y servicios), y continuarán
siendo fuerzas de importantes amenazas que las organizaciones deberán enfrentar para, en el mejor de los casos, transformarlas en oportunidades de desarrollo, en el nuevo camino estratégico que en general deberá abordar el sector industrial, de comercio de servicios, de los subsectores púbico y privado de la economía.


Una mirada rápida permite reconocer eventos que se pueden considerar como factores de riesgo para la organización y sus trabajadores. Tenemos, entre otros:

 

  • Manifestaciones sociales que alteraron significativamente la convivencia de las personas dentro

de toda organización: rutinas familiares, trayectos habituales, sistemas de transporte,
restricciones horarias de circulación, cierre de comercio, suspensión de clases para escolares y
educación superior, etc.

  • Acuerdos políticos y sociales, que han derivado en nuevos e intensos calendarios electorales,

adicionales al ciclo político habitual de elección de autoridades y representantes.

  • La declaración de pandemia COVID-19 en marzo de 2020, agregó a la escena las alteraciones ya

comentadas en horarios, rutinas, circulación de productos; nuevas técnicas para uso de elementos de protección personal en el trabajo, escasez de algunos elementos de limpieza e higiene en el mercado, incertidumbre propia de una enfermedad nueva.

  • Cientos de miles de personas enferman y un número significativo fallece por la enfermedad

COVID-19 en el país. En otros lugares del mundo, los mismos contagios y fallecimientos copan la
noticia diaria.

  • Residentes de ciudades completas son confinados en sus hogares, se inicia docencia a distancia

para estudiantes primarios, secundarios y de educación superior; se cierran sala cunas, se afecta
la operación de muchas empresas e instituciones, se informan resultados negativos en la economía y el empleo.

  • Se instalan nuevas formas de relación personal radicalmente diferentes, con la familia, con

adultos mayores, en el trabajo, en el comercio, en el transporte, e incluso en los servicios
habitualmente presenciales.

  • Se modifican y/o suspenden ritos y costumbres sociales: fiestas religiosas populares, celebración

masiva de aniversarios, reuniones familiares, viajes de vacaciones o a segundas viviendas, viajes
de trabajo, funerales, celebración de matrimonios, deportes y espectáculos masivos, entre otros.


Para toda organización en el país, el enfrentamiento de factores de riesgos psicosociales es una actividad muy crítica. Por otro lado, no hacerlo en el escenario social descrito, reduce ampliamente la posibilidad de una gestión exitosa de los efectos sobrevivientes asociados a estos riesgos.


Dentro de cada organización los problemas posibles son muchos, las causas variadas, la incidencia es incierta y las posibles soluciones interactúan, también, con un entorno económico social afectado por los mismos fenómenos.


Conocer sobre los factores de riesgo psicosocial y gestionarlos en tiempos normales siempre presenta una ventaja por aprovechar, pero hacerlo en este momento de cambio permanente en el país, representa además oportunidades que obligatoriamente debe abordar toda institución. Siempre desde su propia realidad organizacional y su propia relación con el entorno, puesto que las causas y consecuencias observadas no son las mismas en las diferentes organizaciones ni sectores socioeconómicos del país.


La secuela de toda la contingencia experimentada, se puede presentar para unos en la forma de
problemas severos en su nicho de negocio. Existe una serie de actividades y servicios gravemente
afectados hasta ahora, entre ellos:

  • Construcción

  • Gastronomía

  • Gimnasios y clubes deportivos

  • Comercio de grandes tiendas

  • Comercio de productos no esenciales

  • Servicios personales

  • Transporte y turismo

  • Entretenimiento, eventos y espectáculos presenciales

 

Aunque para otros, se han representado como efecto neto, oportunidades que incluso cuentan con
interesantes perspectivas futuras:

 

  • Productos y servicios del sector sanitario asistencial, y de la red apoyo logístico sanitario (fármacos, insumos, transporte, servicios de desinfección, servicios de alimentación, industria de equipos y equipamiento para soporte respiratorio de alta complejidad, etc.).

  • Servicios de última milla

  • Servicios y herramientas de telecomunicaciones

  • Servicios de entretenimiento a distancia

  • Servicios de educación en línea

  • Desarrollo de plataformas para servicios a distancia

Por ello, el equipo Xlibrium-Favox ofrece un abordaje integral para las diferentes etapas de un estudio diagnóstico robusto sobre la situación de su organización, y en función de la condición de hallazgo, prepara y pone a disposición estrategias de intervención.